Thursday, December 6, 2012

VERGONZOSA ACTUACIÓN POLICIAL; MAL COMIENZO


Las múltiples fotografías y videos subidos a Youtube acerca de lo que sucedía en las calles de la Cd. de México y de Guadalajara, al mismo tiempo que Enrique Peña Nieto tomaba la protesta de ley el pasado primero de diciembre, que dieron la vuelta al mundo, no dejan duda de los excesos policiales que colocan a México como el típico país bananero, represivo y subdesarrollado.
                  La ONU adoptó en 1990 dos mecanismos que regulan el uso de la fuerza por autoridades civiles y militares en todos los países del mundo, como estándares internacionales que se deben obedecer: los “Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley” y el “Código de Conducta para Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley”, este último, sobre principios éticos de actuación.
                  Estos tratados se imparten invariablemente en las academias de policía y militares del planeta. Pero como –casi- todo, en México son letra muerta. Una cosa son la teoría y la ley y otra la realidad. La CNDH y las comisiones y procuradurías estatales de derechos humanos desarrollan estos conceptos en el librito y en los “convenios” sobre capacitación a corporaciones policíacas y militares, y la doctrina de los derechos humanos invariablemente está contenida en las cartas descriptivas de las academias correspondientes. Pero es obvio que esto no es suficiente.
                  Lo que podemos observar es que no hay voluntad política de los gobernantes para respetar las normas. Mientras Peña Nieto juraba “cumplir y hacer cumplir la Constitución (no dijo cual)… y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”, afuera se incumplía la Constitución y se reprimía por las policías federal y del DF a quienes demandaban. ¿De veras fue sincero y auténtico el juramento de Peña Nieto y no una mera simulación? Es obvio que –casi- todos los funcionarios públicos que toman la “protesta de ley” lo hacen como un mero formulismo frívolo.
                  En la norma internacional, cuando una persona o un grupo de personas hacen uso de violencias y alteran el orden público y la paz social, las fuerzas del orden están obligadas a intervenir para preservar el patrimonio, la integridad, la vida y los derechos de la población. Así, cuando la autoridad hace uso de la fuerza, incluso de armas de fuego, debe ser para “controlar” a las personas y proteger a terceros SIN EXCEDERSE EN EL USO DE LA FUERZA, que se aplica estrictamente bajo los principios de NECESIDAD, LEGALIDAD, LEGITIMIDAD, PROPORCIONALIDAD, MODERACIÓN y DIFERENCIACIÓN, privilegiando cuando es posible el uso de medios no violentos.
                  Si bien es cierto que cuando una persona ejerce violencia contra otra poniendo en riesgo su integridad y su vida, ésta se encuentra legitimada para responder en defensa propia, lo que es legalmente permitido incluso tratándose de agentes del orden. Pero si se exceden en la respuesta les puede acarrear serios problemas legales. Tratándose de autoridades, el uso de la fuerza debe ser regulado y nunca deben extralimitarse en su actuación. Tampoco se justifica el exceso aún que los infractores de la ley sean delincuentes peligrosos o en extremo violentos.
En la capacitación que se da a policías y militares se les establece enfáticamente que, aún que éstos sean seres humanos con emociones propias, son servidores públicos que deben controlar sus impulsos en apego al mandato de ley. No puede ni deben actuar con sentimientos de venganza a la agresión de que hayan sido objeto ellos o terceras personas, porque estarían incurriendo en violaciones a los derechos humanos, pudiendo ser sujetos de responsabilidad.  
Ese es el perfil que deben tener los guardianes del orden, basado en el humanismo. De ahí el choque con la visión militar sobre la Seguridad Pública. Es obvio que en México no hay una efectiva supervisión de autoridades policíacas y militares en el cumplimiento de los ordenamientos legales, de ahí los excesos graves como los ocurridos en Atenco y el 1º. de diciembre pasado, por ejemplo. Quizá estos principios sean difíciles de entender para el ciudadano común, pero son reglas universales de cumplimiento obligatorio.
                  Observamos el día de la toma de protesta presidencial a presuntos provocadores encargados de alterar el orden para desprestigiar la auténtica oposición a Peña Nieto, como el #YoSoy132. Por otro lado, vimos la violación por las policías, de los derechos humanos de quienes ejercían sus derechos de libertad de expresión, de reunión pacífica y de tránsito, en la modalidad de ABUSO DE AUTORIDAD, DETENCIÓN ARBITRARIA y USO EXCESIVO DE LA FUERZA, en otras. Las policías federal y del DF opusieron contra ellos una violencia generalizada, desproporcionada y excesiva. Mediante el uso racional de la fuerza, los agentes del Estado deben controlar, no reprimir, aún a los violentos, compromiso de México ante la comunidad internacional.
Es triste y lamentable que la justicia se aplique a personas inocentes, dejando en cambio impunes a las autoridades que ordenan y ejecutan violaciones a los derechos fundamentales, o que son omisos ante ellas. En México, LA JUSTICIA NO ES PAREJA, y esto es una constante no sólo en actos masivos que terminan violentamente, sino también cuando se allanan y catean ilegalmente domicilios por policías y militares, se detiene arbitrariamente a personas sin orden judicial o sin que se encuentren en flagrancia de delito; se siembran evidencias, se exhiben ilegalmente ante los medios, se tortura, se desaparece a personas y se ejecuta extrajudicialmente con la complicidad de la fiscalía y del Poder Judicial, que obedecen a la consigna de incrementar las ESTADÍSTICAS de detenidos y sentenciados para fines mediáticos, de promoción personal de funcionarios y/o de incremento en los presupuestos de seguridad y justicia.
                  Ahora, 69 personas en la Cd. de México están bajo proceso por la probable comisión de delitos graves. Pero todos vimos en los videos los abusos policiacos, algunos incluso más graves que los hechos imputados a los detenidos, sin que los policías violadores y sus jefes se tengan que preocupar de nada. Si acaso, una Recomendación de la CNDH y de la CDHDF y ya.
                  En días pasados un diario capitalino publicó un escrito de Edgar Valdéz, La Barbie, inculpando a Genaro García Luna, entonces Secretario de Seguridad Pública y a sus subalternos, incluso al mismísimo Felipe Calderón, de vínculos con la delincuencia organizada. En cambio, por mucho menos que eso, ¿cuántos allanamientos, cateos ilegales, detenciones arbitrarias y torturas cometen policías y militares en contra de gente inocente, argumentando supuestas “denuncias anónimas”, “actitud sospechosa” o “por no traer identificación”? Figuras que por cierto no justifican legalmente una detención, debiendo quedar el detenido inmediatamente en libertad.
A pesar del “plural” “Pacto por México”, para supuestamente acabar con la violencia, mal terminan Felipe Calderón (PAN) y Marcelo Ebrard (PRD). Mal comienzan Enrique Peña Nieto (PRI) y Miguel Ángel Mancera (PRD). La impunidad en el país de “no pasa nada”.

Friday, July 20, 2012

EL SOSPECHOSISMO EN LOS RESULTADOS ELECTORALES

En México, tal parece que la historia se ignora o se olvida. Los “héroes” aparecen mágicamente en la historia oficial, a pesar de que en ciertas épocas se enfrentaban unos contra otros. En cambio, estamos al tanto de lo que sucede en las telenovelas, en las olimpiadas de Londres, en el inicio del campeonato local de futbol o en la farándula de TVyNovelas y TVNotas. La Familia Peluche hasta en la sopa. 
Trescientos años de dominación española, 34 años de dictadura porfirista, 70 años de gobiernos priístas y más de un siglo de imposición de políticas económicas por los Estados Unidos (y ahora también de Seguridad), bien valen por sí mismos la desconfianza del pueblo mexicano. A ello habría que agregar los “usos y costumbres” de la decadente partidocracia mexicana (el reparto de las cuotas de poder, la demagogia, la simulación en los procesos institucionales, el fraude electoral, los cacicazgos, el “presidencialismo”, etc.). 
La injusticia social, la dictadura y el fraude electoral valieron una Revolución a principios del S. XX. No es poca cosa y no se nos deben olvidar los más de un millón de muertos. A ello habrá que agregar las represiones del 68, del 71 y otras, como la de Atenco.
Por ello, buena parte del pueblo mexicano mantiene viva la memoria histórica y tiene razones de sobra para demandar la limpieza electoral. La desconfianza ha hecho presa de la sociedad mexicana. Fuera de demagogias o posturas ideológicas, el pueblo tiene todo el derecho de conocer la verdad respecto a si hubo fraude o no. Y la autoridad tiene toda la obligación de investigar y de resolver en justicia y a satisfacción plena.
Para nadie es un secreto que el sistema judicial mexicano ha sido un lastre y ha dejado mucho que desear. La procuración y la impartición de la justicia han sido históricamente deficientes, omisas y simuladoras, campeando la injusticia y la impunidad. ¿Podemos confiar entonces en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Tepjf), que actuará con justicia e imparcialidad en la calificación de las elecciones y le pueda corregir las omisiones del IFE, si prácticamente son los mismos magistrados de hace 6 años? 
Mucho se juega en esta decisión. Por ejemplo, las famosas “Reformas Estructurales” (laboral, energética, hacendaria, y hasta la de Seguridad Nacional), que se nos presentan como una “prioridad”. El discurso mediático oficial, de los partidos de centro-derecha y de la plutocracia, nos obliga a aceptar como una verdad absoluta la necesidad de aplicarlas; nos venden la idea como algo vital para la sobrevivencia del país, cuando lo que intentan es proteger el modelo económico de mercado por sobre los derechos de las y los trabajadores, de la persona humana.
El candidato elegido para preservar el modelo de dominación debe llegar a como de lugar, aún a través de la trampa electoral, de la imposición judicial y del cierre de filas de los personeros del sistema, medios afines incluidos. Para la élite no es un asunto de democracia, sino de negocios, de la cartera de inversiones privadas que incluye el patrimonio de la nación, cartera ya comprometida que de ninguna manera se puede poner en riesgo. Por ello la urgencia de legitimar ya esto, para dar “certeza” al mercado.
En rigor, los discursos sobre el triunfo del candidato que obtuvo más votos deben esperar a que termine el proceso para no generar de nuevo la percepción de un destino fatal, como se hizo con las encuestas. El Tepjf (cuyo titular dedica a la izquierda la ya clásica declaración de que “no ganarán en la mesa lo que no ganaron en las urnas”, invalidando de facto el sistema jurisdiccional de impugnaciones), habla de aplicar la ley de manera irrestricta, de hacer respetar el tan llevado y traído “Estado de Derecho”, cuando lo que la nación demanda es un ”Estado Social y Democrático de Derecho”, que no es lo mismo. 
México ha avanzado en democracia electoral gracias a la “intransigencia” de los candidatos y movimientos “perdedores”. Gracias a las protestas sociales después de las elecciones de 1988 se creó en 1991 el IFE ciudadano y autónomo. Gracias a las movilizaciones pacíficas del 2006, legítimas y legales en los términos del Artículo 9º. Constitucional, se reformó en el 2007 el Cofipe que hoy tenemos. Pero los avances democráticos no alcanzan a la capacidad corruptora del propio sistema de partidos. Tal parece que cuando las reformas van, los más avezados vienen de regreso. 
La falla principal de nuestro sistema político-electoral no está en la capacitación y en la organización electoral, en el conteo y cómputo de los votos y en la participación ciudadana (que en el proceso de este año fue loable), sino en que la verdad jurídica de los hechos se diluye en el tiempo, y cuando aparece o finalmente es reconocida, no tiene ya ningún efecto legal contundente. Cuando mucho, una multa a los partidos. Así está hecha la ley electoral en el Congreso por los propios partidos, para blindar una posible anulación de los comicios. La incapacidad e inoperancia de la Fepade no es casual.
La tirantez en el país no se debe a la intransigencia, a la necedad e intolerancia de un mesías, como nos quieren hacer creer para descalificar las legítimas protestas sociales de los jóvenes. Se debe a la necesidad histórica de un respetable grupo de mexicanas/os que demanda un cambio, hartos de injusticias y de miseria, de violencia criminal e institucional, de subempleo y desempleo, de la falta de espacios educativos y de vivienda digna; de partidocracia, corrupción e impunidad. Estas demandas no están alejadas de la protesta por democracia y limpieza electoral. ¿Es muy difícil entender esto?
*Consejero Local del IFE en Baja California y
Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, AC

Tuesday, May 10, 2011

EL LENGUAJE DE LA GUERRA Y DE LA PAZ


Si los delincuentes están afuera haciendo lo que están haciendo

es porque adentro están podridas las instituciones y los partidos políticos,

hasta el Gobierno Federal pasando por los Poderes de la Unión…

Javier Sicilia, poeta

Mientras las víctimas de la guerra de Felipe Calderón sean gente del pueblo (daños colaterales) inermes, desinformadas y temerosas; agentes del Estado, miembros de la élite en el poder (Isabel Miranda de Wallace, Alejandro Martí o Diego Fernández de Ceballos) o de la delincuencia, el control de daños está en manos del gobierno. No pasa nada. Usted conoce las consecuencias del “si no pueden, renuncien”: Nada.

Pero cuando el crimen y los desaciertos oficiales tocan a un humanista ilustrado, sensible y comprometido con las causas de la justicia y la paz con dignidad, como Javier Sicilia, cuyo hijo fue victima de esta guerra, y provoca en aquel un activismo inusitado, entonces sucede lo que está pasando: el gobierno pierde el control de la situación ante la acción de un solo hombre, que no tiene compromisos con nadie, no tiene intereses económicos ni aspiraciones políticas. Habla con sencillez el lenguaje de la verdad, y eso es letal para un sistema político corrupto.

“La palabra” del poeta es un idioma que desconocen los políticos y empresarios en el poder. Y ahora también, los militares. El sencillo pero contundente mensaje de Sicilia da en el blanco y encuentra eco en una sociedad lastimada, hastiada y ofendida.

Existe un amplio sector social que ha sido sensible al mensaje de Sicilia y comienza a convencerse de que es necesario frenar el proceso de militarización que arriesga la institucionalidad, la democracia y la paz. Con ello, se logra un sano equilibrio ante aquellos sectores de la población que, creyendo aún en las bondades del mensaje oficial –fuertemente difundido por los medios electrónicos y comunicadores e intelectuales afines- aún apoyan la intervención militar como solución a la inseguridad y el crimen.

Ante el clamor social y las Recomendaciones sobre el retiro de las fuerzas armadas en tareas de Seguridad Pública, Felipe Calderón se muestra descontrolado, sordo e intolerante, reaccionando más como un gobernante autoritario que como Estadista. En su mensaje del 5 de mayo afirma: “… hay quienes, de buena o mala fe, quisieran ver a nuestras tropas retroceder, a las instituciones bajar la guardia, y darles simple y llanamente el paso a esas gavillas de criminales. Hoy les digo que eso no puede y no va a ocurrir. Porque tenemos la razón, porque tenemos la ley y porque tenemos la fuerza, vamos a ganar” (resaltados nuestros).

Y en su monólogo obsesivo aprovechando todos los foros, esta vez en el Día del Niño, ante un nutrido grupo de infantes les habló no crea usted que de los derechos de la niñez o del mundo del juego y la fantasía infantil, sino del narcotráfico, que su gobierno no cejará en el combate contra las drogas y que seguirá limpiando las calles de “malos” hasta acabar con todos. Que su presidente se ha “fajado” ante los narcos. ¡A las niñas y niños les dijo eso! ¿Quién promueve entonces laCultura de la Violencia?

Mal hacen gobernadores, alcaldes, legisladores y los líderes de su partido, el PAN, en retroalimentar y aplaudir a Felipe todas sus obsesiones en torno al combate a la inseguridad y a la delincuencia que tanto daño han hecho al país. Y lo que es peor, hay gobernantes que en sus respectivas jurisdicciones dicen y hacen lo mismo que él.

Es imposible hoy que autoridades civiles y castrenses sancionen con todo rigor legal a policías y militares que cometen violaciones graves a los derechos humanos. Hay una impunidad total. No conocemos un solo caso en que se castigue a autoridades por delitos de lesa humanidad (ejecución extrajudicial, desaparición forzada y tortura), que allanan y catean a diario domicilios sin orden judicial, que detienen a personas arbitrariamente, etc., en aras de “ganar” la guerra a la delincuencia organizada.

Algo muy positivo está logrando Javier Sicilia: Está refrescando el lenguaje y la acción Política, que ya le hacía falta al país, y con ello, la respuesta popular. Refrenda la agenda de los sectores progresistas y del campo de los derechos humanos en materia de Seguridad Pública, y con ello mete en un problema a los otros partidos y candidatos para el 2012, sobre todo al puntero, Enrique Peña Nieto, quien ahora tendrá que recomponer sus propuestas y su discurso en torno a la Seguridad.

Es posible que los candidatos del PRI y del PAN sufran para deslindarse de los intereses norteamericanos –que son quienes financian y diseñan las políticas y estrategias de Seguridad y de Justicia en México- y de las maniobras electoreras de Televisa y Cía., porque ahora las cosas ya no van a funcionar igual que antes. La simulación y la demagogia de siempre pueden ser contraproducentes.

De la misma manera, muy difícil va a ser que los priístas y panistas ofrezcan meter en cintura a las fuerzas armadas y prometan el retiro gradual a los cuarteles, a riesgo de provocar la reacción de los Estados Unidos, de los empresarios y del mando militar. En ello va la propia Presidencia. Pero contradictoriamente, el retiro militar va a ser una fuerte demanda social. Ignorar esto también puede costar la Presidencia.

Respecto al comunicado de la Segob del domingo 8 de mayo al término de la marcha por la Paz con Justicia y Dignidad en la Cd. de México, donde afirma que “los efectivos militares, navales y de la Policía Federal no generan violencia”, categóricamente le respondemos que si, sí generan violencia, y mucha, como consta en múltiples casos documentados por violaciones graves a los derechos humanos en los que, a pesar de las denuncias penales y quejas ante la CNDH, que se sepa, no se ha investigado ni castigado a ningún elemento militar y policial, incluidos agentes de las Policías Estatales Preventivas. A las pruebas nos remitimos.

Tuesday, April 26, 2011

LEY DE SEGURIDAD NACIONAL: LES URGE LEGALIZAR LO ILEGAL

El pre-dictamen de Ley de Seguridad Nacional que, promovido en sigilo por las comisiones unidas de Defensa Nacional, Seguridad Pública, Gobernación y Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, se pretende bajar mediante albazo por las fracciones del PRI y el PAN antes de que termine el mes de abril de este 2011.

Seguramente usted ha sido testigo o ha conocido acciones de las fuerzas armadas que irrumpen en domicilios o en la vía pública, desarrollando acciones de policía y de Ministerio Público, violentando el debido proceso y las garantías procesales de las personas detenidas. Ello lo hacen obedeciendo ordenes del Comandante Supremo, el presidente Felipe Calderón, en el marco de su guerra al crimen organizado.

Es así que los retenes carreteros, los allanamientos y cateos ilegales, las detenciones arbitrarias, la incomunicación de los detenidos en instalaciones militares, las interferencias telefónicas y de internet, las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición forzada de personas y la tortura por personal castrense, son cosa de todos los días. Las víctimas y sus familiares saben bien de qué hablamos. Pero también los Constitucionalistas, las ONG nacionales e internacionales, el Ombudsman y los organismos intergubernamentales (ONU, CIDH), que han sancionado estas y otras acciones del Estado mexicano por ser contrarias a los principios universales establecidos en el Derecho Constitucional y el Derecho Internacional de Derechos Humanos (los tratados).

Para acallar las críticas y las denuncias, “dar certeza jurídica” y vencer la ilegalidad en su actuación, pero sobre todo para evitar ser sujetos de proceso por los excesos cometidos en el pasado, las fuerzas armadas han cabildeado intensamente para que los representantes populares legislen a favor de que sus acciones queden dentro de la “legalidad”. Como si las leyes en el país no tuvieran un contexto histórico, cultural, social, político y filosófico y se pudieran modificar con sólo levantar el dedo.

¿Que contiene el pre-dictamen próximo a votar que tanto nos preocupa?

· Que la Fuerza Armada Permanente (FAP) invada las atribuciones de las policías civiles, desoyendo las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la Desaparición Forzada e Involuntaria de Personas, entre otros;
· Otorga a una sola persona, el presidente de la República, un amplio margen de discrecionalidad en el despliegue de elementos de la FAP y de declaratoria de amenazas a la Seguridad Nacional, sin controles institucionales satisfactorios para prevenir y sancionar potenciales abusos en el uso de la fuerza, tal y como lo estableció el Constituyente de 1917 en el Artículo 29, colocando al Congreso de la Unión como contrapeso del Ejecutivo Federal en torno a estas facultades;
· La ausencia de controles democráticos sobre la actuación de la FAP, extendiendo la jurisdicción militar a la comisión de delitos que hoy constituyen violaciones de derechos humanos, y la ausencia de mecanismos de monitoreo y fiscalización por parte del Congreso, el Poder Judicial y el Ombudsman;
· Las labores de “inteligencia” no serán ya tareas exclusivas del CISEN, sino que se pretende crear un sistema nacional que incorpore a las fuerzas armadas, favoreciendo así las acciones encubiertas e ilegales de espionaje contra los “enemigos del Estado”;
· Establece un sistema de excepción penal en el que los destinatarios en las definiciones de “amenazas a la Seguridad Nacional” se encuentran indeterminados, favoreciendo la persecución y criminalización de conductas no delictivas (como la protesta social pacífica, la defensa de los derechos humanos o el ejercicio del periodismo), cuando estas “constituyan un desafío o amenaza”, dice el pre-dictamen;
· Incorpora los conceptos de “gradualización” y tipificación de amenazas a la Seguridad Pública, la Seguridad Interior y la Seguridad Nacional, sin establecer aún los criterios que se adoptarán para su identificación;
· No armoniza la legislación interna con las obligaciones internacionales del Estado mexicano en materia de derechos humanos, como se establece en las sentencias dictadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en los casos Rosendo Radilla Pacheco, Inés Fernández Ortega, Valentina Rosendo Cantú y Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera. En dichas resoluciones, que sientan jurisprudencia internacional, la Corte reiteró que bajo ninguna circunstancia el fuero militar puede ser competente para investigar o juzgar delitos cometidos por elementos de las fuerzas armadas en contra de civiles, pues en un Estado Democrático de Derecho esa jurisdicción debe tener un alcance restrictivo y excepcional;

Conforme a cifras oficiales, hay más de 60,000 elementos de las Fuerzas Armadas en las calles u otros espacios públicos, cumpliendo tareas que en un estado de normalidad democrática corresponderían exclusivamente a las autoridades civiles. Asimismo, en 17 de las 32 entidades federativas de la República, esto es, el 53.12% del total, los encargados de las instituciones policíacas locales son militares.

El costo humano ha sido bastante alto. Las quejas presentadas ante la CNDH por violaciones de derechos humanos por parte de militares se han incrementado en un 1,000% entre 2006 y 2009; el 33% de las quejas recibidas en México durante 2010 correspondió a la Secretaría de la Defensa Nacional. De diciembre de 2006 a finales de 2010, el Gobierno Federal contabilizó 34 mil 612 ejecuciones en el contexto de la llamada “guerra contra la delincuencia organizada”.

Los legisladores del PRI y el PAN pretenden aprobar una Ley que ignora la tradición democrática de la nación y que las fuerzas armadas son parte de la Soberanía nacional, no potestad presidencial. Sin exagerar, es el camino más corto hacia un Estado Autoritario.

Thursday, December 23, 2010

EL JEFE DIEGO, UNA ESTRELLA MÁS DEL CANAL DE LAS ESTRELLAS

Tal parece que la reaparición de Diego Fernández después de su prolongado secuestro, fue un montaje y un manejo mediático más de Televisa y el Grupo Milenio. Interpreto que lo que se buscó con ello, fue justificar y legitimar la fallida y cada vez más impopular “guerra” de Felipe Calderón contra la delincuencia organizada, reposicionar al desdibujado Partido Acción Nacional ante la población, encontrar a un personaje surgido de entre sus filas que despierte simpatías y credibilidad para relanzar el proyecto 2012, o simplemente distraer de los graves problemas coyunturales que aquejan al país.

Su irrupción estelar a todo color, de costa a costa, de frontera a frontera, en cadena nacional, bajo el auspicio de los López Döriga, Carlos Marín y Cía., representó una parafernalia digna de la mejor telenovela trágica con un final feliz. Como que todo estaba fríamente calculado.

El Jefe Diego es un personaje surgido de entre las entrañas del sistema mismo. Un personaje que ha sabido aprovecharse de la política y del dinero, sabiendo colocar sus piezas y combinar ambas cosas en beneficio propio, de su partido y del sistema que lo catapultó. Prepotente, voraz, impositivo y manipulador todo él, encontró en su propio secuestro el escenario ideal para resurgir de entre las cenizas como el Ave Fénix, como víctima, cuando él ha afectado a la nación y a millones de mexicanos con sus gestiones, cabildeos, litigios, negociaciones y transas.

Pero todo eso se borra y se olvida por su secuestro y estelar reaparición. “Bravo”, “bien”, “señorón”, “Jefe”, le decían a Diego periodistas de la fuente, mientras él posaba altivo en el portón de su casa. De eso se trataba, precisamente, de mostrarlo, enseñorearlo y catapultarlo como buen político, como maestro de la manipulación mediática que es.

Es evidente que se cuidó en exceso su presentación, exhibido con esa frondosa y bien cuidada barba blanca. En las pantallas de TV (que tanto le gustan), no parecía ser un hombre recién liberado después de más de 7 meses de cautiverio.

Ante la propuesta de La Tuta de celebrar con el gobierno un pacto de no agresión, con indignación decía semanas atrás Alejandro Poiré, el vocero de Seguridad Nacional, que el Estado mexicano no negociaba con el crimen!! (faltaba más). Pero entonces nosotros, todos curiosos, nos preguntamos: ¿Los familiares y socios de Diego si pueden?

Usted lo vio, nadie se lo contó: Antes que el Ministerio Público interrogara a Diego por un asunto tan delicado como un secuestro tan prolongado, se dio el lujo de ofrecer tantas conferencias de prensa como le vino en gana, posar a las puertas de su hogar y, tranquilamente, meterse a descansar (a menos que hubiera sido liberado con anticipación para rendir antes que nada y como debe ser, su declaración preparatoria). Y al otro día, de nuevo con los medios hasta que se cansó y los corrió bajo amenaza de requerir a la fuerza pública (¿"señorón"?).

Lo que hace falta es saber si en realidad existen los “Misteriosos Secuestradores”, si el secuestro de Diego fue una proclama de un grupo reivindicador de la justicia social escindido del EPR u otro, lo que vendría a sumarse a los dolores de cabeza de Felipe.

Por lo pronto, el caso Diego cumplió fielmente con el objetivo de distraer de cosas muy graves, como por ejemplo opacar el artero crimen de Marisela Escobedo, mujer que buscaba en vano ante Calderón y el gobernador Duarte justicia por el crimen de su hija Rubí, y que encontró en su causa su propia tumba.

El caso de Rubí –y ahora el asesinato de su madre, que han llamado fuertemente la atención de la comunidad internacional--, demostró los errores y el fracaso, hasta hoy, del Sistema de Justicia Oral impuesto en Chihuahua, al igual que en estados como Baja California, Zacatecas, Morelos y otros.

La explosión en San Miguel Texmelucan, Puebla, peor todavía, ya que, hasta ahora y según cifras oficiales, ha costado la vida a 28 personas y más de 60 heridos (aunque los pobladores afirman que hay más muertes). Esta tragedia evidenció la impunidad y la incapacidad del Estado mexicano para prevenir y combatir las tomas clandestinas de hidrocarburo; desnuda que hay complicidad y corrupción en Pemex para encubrir la ordeña, como bien nos ilustra la periodista Ana Lilia Pérez de la revista Contralínea.

Según la periodista de investigación en entrevista radiofónica con Carmen Aristegui, el Estado ya estaba advertido del grave riesgo para la población de San Miguel Texmelucan, por el paso de los ductos de Pemex por una zona densamente poblada, responsabilidad que recae directamente en la Secretaría de Gobernación y en su Dirección de Protección Civil, así como en el gobierno de Puebla del Gober Precioso, advertencia que ya estaba prevista en el Atlas de Riesgo de la región. Pero así como nada se hizo en su momento, es obvio que este es uno más de los casos que van al cajón de la impunidad.

Y el affaire Diego cae también como anillo al dedo para opacar la nueva sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado Mexicano (la cuarta en el año), por el caso de tortura a manos del ejército mexicano, en 1999, de dos indígenas guerrerenses ecologistas, Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera, condenando nuevamente al Estado Mexicano a desahogar en la justicia ordinaria los casos de violaciones graves a los derechos humanos cometidos por militares contra civiles.

Lo dicho, el Jefe Diego, una Estrella más del Canal de las Estrellas.

Wednesday, July 28, 2010

LA LEY ARIZONA SB-1070

“Nos volvimos conscientes del derecho a tener derechos… y del derecho a pertenecer
a algún tipo de comunidad organizada, sólo cuando aparecieron millones de personas
que habían perdido dichos derechos y ya no podían recuperarlos…”.
Hannah Arendt. Los orígenes del totalitarismo, 1951.

La famosa Ley de Inmigración de Arizona SB-1070, que entrará en vigor el próximo 29 de julio de 2010 si antes no es suspendidas toda o en parte por un juzgado federal, no podríamos entenderla, sus razones y su aprobación por la legislatura de ese Estado, sin entender a su vez la Doctrina de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, que es más bien una ideología.

Este postulado se basa en la imposición de un pensamiento absolutista, incompatible con los derechos humanos y la democracia. Según el Pentágono, se justifica por la necesidad de proteger el territorio y la seguridad de los Estados Unidos de las amenazas fenomenológicas externas: El narcotráfico, los movimientos sociales, las epidemias, la inmigración ilegal y, a partir del 09-11-03, en primer lugar, el terrorismo.

Para cumplir sus objetivos es necesario echar mano de las fuerzas armadas y de la fuerza pública, tanto en territorio norteamericano como en los países del Sur. Es así que, desde América Latina, también se protege la Seguridad Nacional de los Estados Unidos, gracias a la complacencia de los gobernantes.

Esto puede explicar, en parte, el por qué México tolera la represión de inmigrantes provenientes de Centroamérica en su viaje a la Unión Americana, o se enfrasca en una “guerra” fraticida contra el crimen organizado para controlar el trasiego de droga hacia el vecino país del norte. Los muertos (23 mil en este sexenio) los ponemos nosotros (“daño colateral”, dice el Gral. Galván), y las violaciones a los derechos humanos, sin freno.

La defensa de la Soberanía norteamericana no puede ni debe frenar su economía, basada en la imposición de condiciones financieras, económicas y sociales a los países pobres. Para ello, se crean el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (libre paso a los capitales y las mercancías y la “administración” de los asuntos migratorios para racionar la mano de obra barata en función de los ciclos de la economía); el Acuerdo para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), anteponiendo la “seguridad” de los Estados Unidos a la “prosperidad” de los países pobres y, últimamente, la Iniciativa Mérida, que es un plan de financiamiento y apoyo militar a México y Centroamérica para “frenar” el narcotráfico. Estos tres programas persiguen un objetivo común.

¿Pero qué tiene que ver en todo esto la SB-1070? Pues forma parte de la misma lógica, ya que es una consecuencia de la ideología basada en la superioridad económica y racial de los norteamericanos blancos. La política no puede ser ajena a esta ley, pues su promoción representa votos para los Republicanos y los Demócratas racistas.

El Estado de Arizona no tiene ni la capacidad operativa ni los recursos suficientes para perseguir a todos los inmigrantes indocumentados, pero sí crea un insoportable clima de racismo, discriminación y xenofobia en su contra, bajo el riesgo real de ser deportados y de que sus hijos nacidos en los Estados Unidos sean entregados al gobierno.

Ley inconstitucional que regresa a la era del racismo primitivo

Tarde o temprano, en primera o ultima instancia, la justicia federal abrogará la Ley de Inmigración de Arizona denominada SB-1070, sobre todo las Secciones 2, 3, 6 y 10 que facultan al Estado de Arizona a través de sus policías, a determinar la situación de los inmigrantes y, en su caso, expulsar a los indocumentados, facultades que en la Constitución de los Estados Unidos, como en México, competen a la autoridad federal.

La SB-1070, que afecta directamente a 400 mil inmigrantes, permite la intervención de los agentes de la policía estatal y municipal (condados) con el fin de revisar la condición migratoria de las personas, basados únicamente en la “sospecha razonable” de que se encuentran indocumentados en el país, así como arrestar a una persona sin orden judicial si el agente dispone de una “causa probable” para creer que tiene un estatus “ilegal”.

También convierte en delito transportar en un vehículo a un indocumentado aunque sea familiar y el hecho de estar en el país ilegalmente, cuya pena conlleva hasta seis meses de cárcel, y establece que las personas indocumentadas son culpables de haber entrado sin autorización. La SB-1070 se dirige específicamente a los jornaleros, tipificando como delito que las personas indocumentadas soliciten trabajo, y que cualquier persona contrate o intente contratar a un inmigrante indocumentado.

“La ley puede conducir a la detención y el interrogatorio de personas fundamentalmente sobre la base de sus características étnicas aparentes”, señalaron expertos de la ONU, entre ellos el Dr. Jorge Bustamante, Relator Especial para los Derechos de los Migrantes. “En Arizona, las personas que parecen de origen mexicano, latinoamericano o indígena corren un especial riesgo de que se les aplique la ley”. La ley autoriza la acción policial basada en la percepción del origen étnico de las personas.

Si bien los Estados-Nación tienen el derecho soberano de resguardar sus fronteras y decidir qué extranjeros entran o no a su país, esto debe hacerse de manera ordenada y sin violación de los derechos humanos, es decir, sin colocar a las personas en situación de riesgo a su integridad, su vida, sus libertades y garantías. Los Estados deben respetar y asegurar los derechos humanos de todas las personas sujetas a su jurisdicción, sin discriminación. Además, los estándares Internacionales requieren que la detención se produzca sólo como medida excepcional, justificada, interpretada de forma restrictiva y proporcional a cada caso individual, y que dicha detención esté sujeta a la revisión judicial.

Por si fuera poco, la SB-1070 fue adoptada casi al mismo tiempo que la ley que prohíbe los programas escolares de Arizona que estén diseñados fundamentalmente para alumnos y alumnas de un grupo étnico particular, o que “aboguen por la solidaridad étnica en lugar de por el tratamiento de los escolares como personas”. O sea, los latinoamericanos u otro grupo étnico no pueden organizarse para defender sus derechos.

Las cosas han llegado a tal extremo en Arizona, que los republicanos de este Estado están considerando presentar otra legislación que niegue las partidas de nacimiento a los niños nacidos en Arizona, cuyos padres no sean ciudadanos estadounidenses legales. Dicha legislación aparentemente violaría la 14ª Enmienda de la Constitución que establece que todas las personas nacidas en Estados Unidos son ciudadanos estadounidenses. El principal partidario de negarles la nacionalidad a los hijos de inmigrantes es el legislador republicano Russell Pearce, quien ayudó a redactar la nueva ley antiinmigrantes de Arizona.

Los Estados Unidos viola la normatividad internacional

Muchos Estados occidentales, entre ellos los Estados Unidos, han manifestado que tienen normas tan buenas como para no necesitar de tratados. Ese es el mismo argumento para no aprobar los tratados respecto de los derechos de los niños, la protección del medio ambiente y la inmigración. Por ello, los Estados Unidos no han aprobado ni ratificado la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares, tratado adoptado por la ONU que entró en vigor para todos los países –incluido los Estados Unidos- el 1º. de julio de 2003.

En los artículos 22 y 56 de dicha Convención se aborda la cuestión de la expulsión y de la expulsión arbitraria. En el párrafo 1 del artículo 22 se prohíben expresamente las medidas de expulsión colectiva. Cualquier decisión de expulsión deberá ser adoptada por la autoridad competente (en el caso de los Estados Unidos, la autoridad federal) conforme a la ley (párrafo 2 del artículo 22) y sólo por razones definidas en la legislación nacional del Estado de empleo (párrafo 1 del artículo 56). En el párrafo 4 del artículo 22 se establece que, salvo cuando una autoridad judicial dicte una decisión definitiva, "los interesados tendrán derecho a exponer las razones que les asistan para oponerse a su expulsión, así como a someter su caso a revisión ante la autoridad competente, a menos que razones imperiosas de seguridad nacional se opongan a ello".

Así, contrario a lo que establece la norma internacional, la SB-1070, que es una ley estatal, no otorga a los indocumentados el derecho a apelar su expulsión, a pesar de que no representen una amenaza real ni inminente para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos y del Estado de Arizona, como los terroristas o los narcotraficantes.

Raúl Ramírez Baena
Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, AC
Mexicali, B.C., julio de 2010.

Tuesday, May 4, 2010

PARA ENTENDER LA AGRESION EN SAN JUAN COPALA

Por un lado, los mexicanos hemos sido testigos del discurso, las reformas legales y los operativos policíaco-militares en la “guerra” de Felipe Calderón contra la delincuencia organizada.

Por otro, gracias a la oportunidad y solidaridad de los medios, fuimos testigos del brutal ataque que el pasado 27 de abril perpetraron impunemente integrantes de la Unión de Bienestar Social de la Región Triqui (UBISORT) y del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), leales al gobernador de Oaxaca y a su partido, contra una misión civil internacional que llevaban víveres, ropa y cobijas a la comunidad indígena de San Juan Copala, declarada autónoma en 2007 por el Movimiento de Unificación y Lucha Triqui-Independiente (MULTI), asediada y aislada por los paramilitares de la UBISORT por ser opositora al régimen de Ulises Ruíz. Esta tragedia tiene la siguiente secuela:

1. En el año 2001, en el marco de la Caravana Zapatista que partió de la Selva Lacandona en Chiapas, el Estado mexicano se negó a concretar las reformas constitucionales en materia de Derechos y Cultura Indígena, acordes a la Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes y a los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, derivados de la negociación entre los rebeldes y el gobierno federal mexicano, con la asistencia de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) de la Cámara de Diputados y de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai), encabezada por el obispo Samuel Ruíz.
Teniendo como marco la negativa de los legisladores panistas de asistir a la sesión de trabajo del 26 de marzo de 2001 con el EZLN y el Congreso Nacional Indígena para concretar la llamada “Ley Cocopa”, finalmente, ante las maniobras del presidente Vicente Fox y del entonces senador Diego Fernández de Cevallos, entre otros, los legisladores del PRI y el PAN aprobaron una reforma al Artículo 2º. Constitucional no acorde al espíritu de los Acuerdos de San Andrés. Entre otros puntos fundamentales, negaron el reconocimiento a la AUTONOMIA de las comunidades indígenas basada en sus usos y costumbres, tal y como se establece en la Convención 169 de la OIT, tratado ratificado por el Senado mexicano el 5 de septiembre de 1990.

2. Pese al incumplimiento del Estado mexicano del reconocimiento a la autonomía indígena, varias comunidades autóctonas del país, haciendo uso de sus derechos amparados por la Convención 169 de la OIT, se han dado la AUTONOMIA DE FACTO de sus territorios, como fue el caso de la comunidad indígena de San Juan Copala.

3. El gobernador de Oaxaca, Ulises Ruíz, en lugar de propiciar un clima de diálogo, ha promovido la violencia a través de una serie de maniobras políticas y de fuerza por conducto de su partido, el PRI, de organizaciones civiles y de grupos paramilitares afines que actúan en la impunidad para impedir el desarrollo y goce de los derechos indígenas, civiles, políticos y sociales de comunidades independientes o afiliadas a partidos y organizaciones sindicales, campesinas y sociales opositoras a su régimen. Con ello, el gobernador persigue la preservación del PRI en el poder, aún a costa de violentar las leyes y los derechos de la población.

4. Ulises Ruíz merecía juicio político por el Congreso de Oaxaca y su separación del cargo tras los graves acontecimientos de 2006 en la capital del estado, a raíz de las protestas y plantón de maestros de la Sección 22 del SNTE y de integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que derivó en una violenta confrontación entre autoridades y manifestantes. El conflicto arrojó la muerte de 17 activistas (incluyendo la del documentalista norteamericano independiente William Bradley Roland, Brad Will) y decenas de heridos y detenidos. Sin embargo, lejos de ser juzgado como principal responsable de la violencia, los acuerdos e intereses desde el poder impidieron cualquier acción legal en su contra. El 13 de octubre de 2009, la Suprema Corte de Justicia encontró a Ulises Ruíz responsable de la violación a las garantías individuales durante el conflicto que se vivió en la capital de Oaxaca de mayo de 2006 a enero de 2007. Nuevamente, los intereses PRI-PAN-Presidencia impidieron cualquier acción legal contra el gobernador.

5. Las secuelas de la impunidad traen nuevamente la violencia a Oaxaca. En esta ocasión, el 27 de abril pasado, 25 activistas y periodistas nacionales y extranjeros (de Finlandia, Bélgica e Italia) integrantes de la “Caravana de Observación por la Paz”, fueron emboscados con armas de alto poder por encapuchados de la UBISORT afín al PRI, cerca de la comunidad triqui de San Juan Copala. La acción arrojó dos muertos: el ambientalista finlandés Jyri Jaakkola y Beatriz Alberta Cariño, directora del Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (CACTUS), y seis heridos. Durante más de dos días, dos periodistas del semanario Contralínea, Erika Ramírez y Daniel Cilia (herido) estuvieron desaparecidos escondiéndose de sus agresores. Otros dos activistas lograron escapar antes. De manera increíble, el gobierno de Oaxaca y la federación no intervinieron durante el conflicto y en la búsqueda de los desaparecidos tras el ataque, argumentando que los policías son recibidos a tiros por los paramilitares, deslindándose del ataque a la misión internacional, como si no hubiera ley ni gobierno para someter a los agresores y como si no hubiera libre tránsito en el país (“para qué fueron a esa zona de conflicto”, según el gobierno estatal). “Sabemos qué organismos vienen politizados, sabemos de financiamientos de organizaciones extranjeras donde actúan políticamente, indebidamente (…). Deben ser expulsados si no tienen los permisos y la justificación federal”, dijo el gobierno de Ulises Ruíz en un comunicado oficial, evadiendo su responsabilidad, erigiéndose como autoridad migratoria y pasando por alto los intercambios y compromisos de México con Finlandia y la Unión Europea, incluso, en materia de derechos humanos.

6. Una vez desatado el conflicto en San Juan Copala, el gobierno de Oaxaca nombró como interlocutor al Secretario General de Gobierno, Evencio Nicolás Ramírez (ex Procurador General de Justicia del Estado, ex Ombudsman de Oaxaca y ex presidente de la Federación Mexicana de Organismos Públicos de Protección y Defensa de los Derechos Humanos de 2000 a 2001), que jamás tuvo comunicación con las víctimas y con los directivos de Contralínea. Como una broma de mal gusto y fuerte tufo electoral, Ulises Ruíz responsabilizó a la coalición PAN-PRD-PT-Convergencia y a su candidato a la gubernatura, Gabino Cué, de ser los promotores del ataque armado.

7. En febrero de 2010, a promoción de la Representación en México de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Secretaría de Gobernación y la CNDH accedieron a organizar un Seminario con invitados internacionales y representantes de las ONG, periodistas y organismos públicos de protección, tendiente a crear en México un Mecanismo Nacional de Protección a Periodistas y Defensores Civiles, ante contingencias urgentes y amenazas graves a éstos. A reserva de que no se ha creado tal Mecanismo, por principio de cuentas, debieron funcionar canales oficiales de protección expedita en el caso de San Juan Copala. Sin embargo, los funcionarios de la Unidad Para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos de la Segob y del Programa de Agravio a Periodistas y Defensores Civiles de la CNDH estuvieron atenidos a la voluntad política del gobierno (¿?) de Ulises Ruíz, arriesgando la integridad y la vida de los periodistas y activistas. El helicóptero del gobierno del Estado en el que policías estatales, el padre de David Cilia y Miguel Badillo, director de Contralínea, viajaron para encontrar a los dos periodistas escondidos, originalmente era para vigilar a la caravana y al propio Badillo.

8. Si los atacantes de la UBISORT a la misión internacional fueron más de tres, con uniforme camuflageado, capuchas y armas de alto poder exclusivas de las fuerzas armadas, provocando dos muertos, seis heridos y cuatro desaparecidos sólo en este ataque de muchos en que han cobrado otras víctimas, ¿no es entonces un grupo ilegal perteneciente a la “delincuencia organizada”, según la legislación penal federal? ¿No se merecía la acción inmediata del ejército o la marina (que nunca se aparecieron a pesar de ser un incidente internacional, lo cual es muy sugestivo), o sólo intervienen tratándose de narcos? Ni una sola mención del gobierno de Felipe Calderón al incidente. ¿El gobierno federal, una vez más, encubre a Ulises Ruíz? Sólo pregunto.